viernes, 22 de julio de 2011

Mánager

En la última noche de karaoke familiar, mi sobrinita hurtó el micrófono y nos ofreció una magistral interpretación recién aprendida de Pin Pon, con Hoy voy a cambiar de fondo. Yo no sé que habría opinado la D’Alessio, pero a los presentes la ternura les causó tal conmoción que un primo se ofreció a impulsar la prometedora carrera artística de la criatura y a ser su mánager.
     Todo fue fiesta y algarabía hasta que yo intenté reescribirlo; porque, si les soy franco, lo que mi primo dijo fue más bien mánayer.
     El DRAE recoge mánager y nos aclara que es el “gerente o directivo de una empresa o sociedad” o el “representante de un artista o deportista”(1). Má-na-ger. Tiene una tilde, así que no se puede aspirar a que se pronuncie como en inglés, porque en inglés no hay tildes y, por lo tanto, según el diccionario académico, en español se dice mánager, como decimos gelatina y Gerardo.
     Por supuesto, nadie habla así. Todos dicen mánayer. Pero, por otro lado, nadie que quiera conservar el respeto de los demás lo escribe de esa forma.
     En el Diccionario del español usual en México no aparecen ni mánager, ni mánayer, ni manager la versión original, situación que ya deja vislumbrar una pista para la solución del embrollo. Antes de que algunos empresarios con complejo de inferioridad comenzaran a llamarse así, nosotros ya contábamos con representante, gerente, administrador, gestor, directivo y apoderado. Si, en lugar de permitir que un solo anglicismo se coma a seis palabras autóctonas, lográramos que entre las seis desterraran al solitario intruso, nos evitaríamos tanta confusión y tan profundo desamparo. Díganme si no sería la mejor opción, antes de tener que contratar a un mánager de riesgos, en lugar de a un gestor, o solicitar hablar con el mánager de la verdulería, en lugar de con el gerente.
     Por otra parte, quizá esta gente tenga razón, y mi sobrinita no alcanzará el éxito si tiene un simple representante, igual que México no llegará al verdadero desarrollo mientras el H. Rector de la UNAM no sea nombrado el H. Mánager de la Universidad.¨
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(1) "Mánager". Diccionario de la lengua española. 22° ed. Madrid: Real Academia Española, 2001.
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Hola, todos.

Un gusto leerlos, como siempre. Les recuerdo que el día 30 de este mes cumplimos un año. Ya comenzamos con el cambio de imagen (se aceptan comentarios y opiniones) y pronto avisaremos sobre otras novedades. Un saludo y nos leemos la próxima.

Ad.

miércoles, 13 de julio de 2011

Bullying

Había una vez un niño que llegó corriendo a su casa y entre lágrimas se quejó con su madre: «Mamá, Andresito me hizo su víctima de bullying».
     ¿En serio? ¿Alguien sería capaz de contener la risa? Yo no. Porque eso no pasa. Más bien, se me ocurre, el pobre niño denunciaría que Andresito lo golpeó o lo estuvo molestando y, al día siguiente, su mami se presentaría muy temprano en la escuela para abogar ante la directora por su retoño, que está siendo acosado por algún escuincle gandalla.
     Sin embargo, los comunicadores de hoy, en sus programas, sus revistas y sus periódicos, han logrado lo que parecía imposible: hacer que a nuestros niños les magullen la dignidad, pero con estilo; porque si a uno sufre de hostigamiento escolar, tiene que ir a terapia, pero si es víctima de bullying, está en la onda y lo entrevistan en la tele. Por eso, aunque en la realidad cotidiana a nadie le salga del corazón decir bullying –y cuando sale suena torpe y poco espontánea–, los medios nos han obligado a leerla en todos lados, y sólo me dejan dos posibilidades a considerar: o disfrutan adorando al todopoderoso vecino del norte y pisoteando su propia lengua “tercermundista”, o su español es tan patéticamente pobre como su inglés, pues es increíble que con tantas escuelas de periodismo y comunicación en el país, no haya un solo egresado (¡uno solo!) a quien se le ocurra algo más original que copiar palabras.
     El término en inglés se deriva del verbo to bully –intimidar o hacer daño a una persona más débil; usar la fuerza para obligar a alguien a hacer algo(1)–, y por tanto tiene pleno sentido en esa lengua, pero en castellano no tenemos tal verbo y mucho menos su derivación, por eso resulta tan ridículo usarla.
     Me queda claro que el problema quedaría resuelto en primera instancia si no hubiera engendros bravucones fastidiando a sus semejantes pero, como todavía hay muchos, a la población en general sólo le resta decidir si ya no permite que le vean la cara o si sigue hablando con esa lengua artificial y carente de cualquier dejo de innovación y originalidad que le vende la prensa escrita y visual. Ésta, por su parte, debería conseguirse un diccionario, aunque sea uno barato, para enterarse de que también existen acoso, hostigamiento, fastidio, humillación, y un par más; digo, cualquiera que les sirva para expresar en nuestro idioma que un chamaco jodón no deja de fregar.
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(1)"Bully" (verb). Oxford Advanced Learner's dictionary. Oxford University Press, 2005. (La traducción es mía.)

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Hola, todos.

Les envío un saludo y les aviso que pronto avisaremos las actividades para celebrar el primer año del blog. Mientras tanto, los invito a seguir comentando, leyendo, recomendando, y adoptando palabras. Recuerden que también pueden seguirnos en Facebook para enterarse de las novedades. 
     Los leo pronto,

Ad.

sábado, 18 de junio de 2011

¡Equis!

Todo joven que se precie de ser un digno mexicano del siglo XXI ha dicho, o al menos escuchado, la expresión ¡equis! (o sólo equis! para los más ahorradores) para expresar que algo carece de importancia, es irrelevante o indigno de mención.
     El diccionario de la RAE y el Diccionario del Español Usual en México (DEM) concuerdan en que la equis no es sólo una letra del abecedario, sino que además es el número o cantidad de valor desconocido o indiferente(1); el DEM recoge también la acepción de “cualquier, cualquiera, cualesquier o cualesquiera”(2), como en una casa equis (una casa cualquiera). No obstante, parece que ninguno de los dos ha reconocido aún este nuevo uso tan socorrido por la juventud, que contiene en sí algo de desdén y que tanto dice de la opinión sobre la vida:

–Oye, ¿y si ya no te llama?
–¡Ay, equis!

–¿Te molesta si fumo?
–No, equis.

El uso de la expresión puede aplicarse a una situación, a una persona o al mundo en general y, quizá por esa condición de comodín, hay quien la considera reprobable. Sin embargo, a diferencia de muchas otras que importamos del inglés sin misericordia, ésta es legítimamente castellana y no genera problemas de identidad nacional; surgió de la propia letra de nuestro abecedario, tan querida por el español mexicano además, y encaja natural y cómodamente en nuestras conversaciones. Cierto es que nadie espera encontrarla en un trabajo académico, pero oso pensar que tampoco debería tratársela como apestada, mientras permitimos el alegre flujo de extranjerismos sin siquiera hacerles un examencito migratorio.
     Con todo, la defensa de equis no debe hacerse a ciegas ni como mero berrinche adolescente. Los iniciados deben saber que estarían traicionando su lengua, por ejemplo, si usaran sólo ésta y ninguna otra forma de decir lo mismo. Equis puede tomar su lugar entre irrelevante, sin importancia, ordinario, intrascendente, insignificante, accesorio, nimio, corriente, vulgar, indiferente, que no vale la pena ni mencionarlo y cualquier otra que sirva para dar a entender que lo referido nos da igual, siempre y cuando le enseñemos a convivir con todas estas opciones sin devorarlas, con nuestra materia gris de postre.
     Si este rollo no les es del todo trascendente, espero que al menos no les haya dado equis.

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(1)"Equis". Diccionario de la lengua española. 22° ed. Madrid: Real Academia Española, 2001.
(2)"Equis". Diccionario del Español Usual de México. 2° ed. México: Colegio de México, 2010.


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Hola, todos.

Es bueno estar de vuelta. Les deseo un feliz día del español y espero leerlos pronto.
     Ah, por cierto. Si no lo han notado, ya se acerca el primer aniversario del este espacio, así que estén atentos a las novedades y al festejo.
     Gracias de nuevo por su sus lecturas, sus comentarios y sus recomendaciones. Un saludo,

Ad

sábado, 14 de mayo de 2011

Conjugación para distraídos: Satisfacer

En diversas ocasiones he mencionado una buena cantidad de verbos que, al menos para el hablante promedio, representan un conflicto al conjugarse; por supuesto, yo sé que no es por las grietas del sistema educativo, ni por la falta de interés, sino por distracción.       
     Por lo que sea, pues, he decidido intercalar con mis publicaciones esta nuevo apartado, en el que, más allá de abordar alguna controversia del idioma, me limitaré a comentar sobre un verbo y su respectiva forma, como medida urgente a la cual mis lectores puedan acudir en caso de simple duda o de angustia comunicativa.
     Ya se ha hablado en entradas independientes de forzar y de venir, por ejemplo; sin embargo, hay otros verbos cuya conjugación entera representa un problema, y a esos me referiré en este espacio particular, siempre basado en los datos que presentan las autoridades en la materia. Así que les doy la bienvenida a Conjugación para distraídos.
    
     El día de hoy hablaré de satisfacer, dada su recurrencia en el habla cotidiana y a la solicitud de un par de lectores.
     Es necesario, o al menos potencialmente útil, que lean lo siguiente si alguna vez han dudado en cómo lo conjugan, si se han quedado con esa incómoda sensación de “¿sí se decía así?” o si de plano han caído en los "satisfacía" y en los "satisfacería".
     Para solucionar cualquier bache lingüístico relativo al verbo en turno, baste saber que no rima con hacer por mera casualidad, pues comparte la forma de la conjugación con éste, que, en su forma antigua, era precisamente facer (1).
      Luego, en caso de duda, compárese con aquel:

                       Hacer                                              Satisfacer

                    Yo hago la tarea.                                         Yo satisfago al público.

                    Él hizo un pastel.                                       Él satisfizo sus necesidades.

                 Ellas harán ejercicio.                                Ellas satisfarán las expectativas.

              Tú nunca harías algo así.                             Tú satisfarías tus pretensiones.

   Quieren que hagamos todo para mañana.   Es importante que satisfagamos la demanda.

             Perro, ¡haz “el muertito”!                         Súbdito, ¡satisfaz (2) mis peticiones! (3)

      No hay pierde y, ahora, no hay pretexto.
     Espero haber satisfecho, al menos en parte, su curiosidad, o servido de salvavidas para esas vergonzosas situaciones en las que uno no sabe decir eso que quiere decir. Por lo pronto, doy por inaugurada esta sección, que ojalá satisfaga siempre sus expectativas.

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(1) “Satisfacer”. Diccionario Panhispánico de dudas. 2° ed. Real Academia Española: 2005. http://buscon.rae.es/dpdI/. 12/mayo/11.
(2)El imperativo es la única excepción: también puede usarse satisface.
(3)Para la conjugación completa del verbo en todos los tiempos y modos, véase: http://www.educar.org/lengua/verbo/satisfacer.asp

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Hola, todos.

Tras esta eternidad de más de un mes, estoy de vuelta. Agradezco los comentarios de aquellos que se preguntaron qué había sido de mis publicaciones y, a manera de compensación por mi ausencia, les traigo esta nueva sección. Les mando un saludo y los leo tan pronto como me sea posible. No dejen de comentar, preguntar, reclamar, recomendar, adoptar palabras y mantener vivo este sitio. Un saludo,

Ad.

sábado, 9 de abril de 2011

(A) grosso modo

El latín es al español lo que el agua al cuerpo humano, creo yo. Por eso comparto la opinión de José Moreno de Alba en sus Minucias del lenguaje, en las cuales lamenta la falta general de su enseñanza en México y la subsecuente ignorancia de nuestros orígenes culturales.
     No obstante, a pesar de haber relegado a nuestra lengua madre al rincón de los recuerdos estorbosos, aún conservamos muchas de sus expresiones, y esta situación, incluso en la feliz suposición de que todos hablamos un español “dos-tres” razonado, puede resultar perjudicial, pues el latín no lo dominamos y mucho menos lo razonamos.
     Tal es el caso de la locución grosso modo; en infinidad de desafortunadas ocasiones ha llegado a mis oídos acompañada de la preposición a:

     Bueno, pues, a grosso modo, eso fue la Revolución.

     A ver… Explícame a grosso modo qué hicieron ayer en la fiesta.

     Esa pobre a no tiene la culpa de haber despertado un día detrás de ese monstruito latino, condenada a seguirlo tímida pero fielmente por todo México y parte de América Latina. Los responsables somos de hecho los hablantes, quienes no nos enteramos de las diferencias entre las estructuras del latín y las del castellano. En este, utilizamos preposiciones a diestra y siniestra (“de esta manera” “a punto de”, "por ejemplo" etc.); en aquel, sin embargo, no tanto como nos gustaría. Por eso grosso modo, así como está, ya quiere decir “a bulto, aproximadamente, más o menos” (DRAE), y no necesita de esa a pegada cual garrapata.
     No ahondaré en detalles; ese es, grosso modo, el problema, cuya solución es simplemente liberar la a del arbitrario castigo de vagar cabizbaja tras una locución adverbial que de por sí le hace el feo.
     Quizá es demasiado invitarlos a inscribirse en un cursillo de latín, pero es apenas suficiente pedirles se tomen la molestia de hablar bien el español, caray.

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Hola, todos.

Heme aquí de nuevo. Les agradezco la paciencia en las últimas semanas y reitero mi compromiso a publicar tan frecuentemente como me sea posible. He notado que el espectro de público que pasa por este sitio ha crecido hacia Estados Unidos y parte de América Latina, así que quisiera enviar un saludo y un agradecimiento especial a todos los lectores que nos han visitado desde más allá de las fronteras. Los invito nuevamente a dejar sus comentarios y opiniones (también a los mexicanos), así como a pasar a adoptar una palabra en extinción al  Centro de Adopción. Les deseo una buena semana y nos leemos la próxima.

Ad

sábado, 19 de marzo de 2011

Sobremanera

A Mau, cuando le da por la elegancia...

Existe un fenómeno muy curioso en la lengua: el hablante promedio, alumno ejemplar de Miss Tere en los días de primaria, se enfrenta a una situación en la que tiene que expresarse de forma más o menos cuidada, sea por caso, un documento formal. Entonces aquel desempolva los rincones más olvidados de su cerebro y detrás de una telaraña encuentra un par de palabras que seguro le servirán para aquello de sonar elegante; sin embargo, hay un detalle: llevan tanto tiempo arrumbadas que nuestro héroe ya no se acuerda de cómo se usaban.
     Así sucede con sobremanera, en cuyo caso, el resultado de la situación citada son cosas como éstas:

     Es importante de sobremanera que envíe el archivo cuanto antes.

     Me apena decirle que me molestó en sobremanera su actitud.

     Resulta intrigante esa tendencia a enjaretarle una preposición a sobremanera. Quizá sea porque se parece a manera, así solita, pues sí decimos “de manera tal” y hasta cantamos “de qué manera te olvido”; aunque, por otro lado, no usamos “en manera”. Entonces, ¿qué onda con sobremanera? (Disculpen mis lectores tanta repetición, es que no hay manera...)
     La palabrita no aparece en el Diccionario del español usual en México, editado por el Colmex, lo que en un principio hace pensar que, en efecto, no es usual en México. No obstante, el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la RAE despliega, en la búsqueda particular para nuestro país, una buena cantidad de ejemplos de su uso escrito. El DRAE, a su vez, nos da su definición: “en extremo, muchísimo” (de la que, quiro asumir, nadie dudaba).
     Este mismo diccionario especifica también que se trata de un adverbio y, siendo tal, no necesita preposición, como los ejemplos del CREA lo confirman:

     Le dolió sobremanera
     Se inquietó sobremanera
     Nos complace sobremanera
     Enrojeció sobremanera

… Y la lista sigue, de forma tal que si Chente Fernández hubiera querido verse formal, en lugar de “de qué manera te olvido” habría dicho “te recuerdo sobremanera”. No tuvo necesidad, por supuesto, como tampoco la tuvo Luis Miguel después, pero más vale saber, por si se ofrece…

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Hola, todos:

Como habrán podido advertir, entra las últimas publicaciones ha habido dos semanas de distancia. La razón es que la semana del que escribe no alcanza en muchas ocasiones para hacer todo lo que se supone debe hacer y en ocasiones se ve obligado a postergar actividades. De cualquier forma y como siempre, seguiré tratando de estar cada semana aquí, y si no, la siguiente. Para que el blog siga activo, además, los invito a seguir participando, tanto en las publicaciones como en el Centro de adopción. Cuéntenos si les gusta el contenido y díganos qué les gustaría leer.
     Les deseo una buena semana, un mejor puente y nos leemos la próxima vez. Saludos,

Ad

domingo, 6 de marzo de 2011

Versus

Tratándose de juegos de futbol, los más contentos son los dueños de bares y restaurantes: con una pantallota y una cantidad interminable de cervezas, aprovechan la ocasión y cuelgan en sus puertas un letrero que dice “Barcelona vs Real Madrid”. Un negociazo.
     No tiene nada de malo: hagan su agosto con estos y con otros encuentros deportivos –digo, de algo tienen que servirle a la sociedad promedio –; lo que no me parece muy brillante, es esa cosa conformada por las letras “v” y “s” entre los nombres de los equipos.
     La experiencia nos ha enseñado que lo que ellos quieren decir con esas letras es versus, pues, según lo que aprendieron en sus años de escuela y televisión, significa contra.
     El problema es que en la televisión (y a veces en la escuela) no saben distinguir entre las palabras usadas en el extranjero y las propias. Y como en otros lares ven anunciado“Green Bay vs Steelers”, no encontraron razón para que aquí fuera diferente.
     Es cierto que la palabra versus, para empezar, no está en el diccionario; pero no es esa la cuestión. Cuando aparece, bien aparecida, tiene el sentido que tenía en latín; la prueba está en que, en italiano y en francés, ambas lenguas hermanas del español, se convirtió en verso y vers respectivamente¸ y en las dos significa hacia. En inglés sí significa contra, probablemente, como señala Álex Grijelmo, por contracción de adversus.
     Con este criterio, no tiene mucho sentido decir que el Barcelona va versus el Real Madrid, porque no se caen nada bien, y entre más lejos, mejor.
     Me queda claro; cuesta más trabajo escribir contra en los letreros que vs y semejante esfuerzo no parece humanamente lógico, pero, seamos honestos, ¿quién en la vida real, fuera de la tele en donde parece que hablan otro idioma, le dice a sus compañeros de farra: vamos a mi casa a ver al América versus los pumas? Por favor.

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Sí, ya sé, qué milagro. Debo decirles que es probable que esta situación de mis ausencias deba repetirse en más una ocasión, debido a mis nuevos y poco saludables horarios. Sin emabrgo, haré como siempre todo lo posible para estar aquí cada semana.
     En fin. Me da gusto leerlos de nuevo y los invito una vez más a adoptar sus palabras y a continuar siguiéndonos. Un saludo,

Ad